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Cómo elegir el champú según tu tipo de cabello y tu cuero cabelludo

cómo elegir el champú según tu tipo de cabello y cuero cabelludo

Foto: Mockup Free / Unsplash

¿Llevas años comprando el mismo bote sin saber muy bien por qué? Es lo más normal del mundo, y también la razón de que mucha gente tenga a la vez la raíz grasa y las puntas secas, convencida de que su pelo es raro. No lo es. Fíjate: estás eligiendo con una sola variable cuando hay dos.

Dos variables, no una: la fibra y el cuero cabelludo

El largo y la raíz son dos territorios distintos y casi nunca están en el mismo estado. La fibra, de la mitad hacia abajo, tiene meses o años de antigüedad, ha pasado por el secador, por la goma del pelo y quizá por un tinte. El cuero cabelludo es piel viva, con glándulas trabajando cada día.

Cuando eliges pensando solo en el largo, tratas la raíz con una fórmula rica que la engrasa en veinticuatro horas. Cuando eliges pensando solo en la raíz, secas unas puntas que ya estaban pidiendo agua. La salida es sencilla: la fórmula de lavado se elige según tu cuero cabelludo, y el largo se atiende con acondicionador y mascarilla.

Una decisión, dos productos distintos.

Cómo saber qué cuero cabelludo tienes

Haz esta prueba. Lávate por la mañana y no te pongas nada más. A las cuarenta y ocho horas, mírate la raíz.

Si brilla y los mechones se separan, es graso. Si notas tirantez, picor o pequeñas escamas blancas que se sueltan al rascar, es seco. Si hay escamas amarillentas y pegadas, con zonas rojas, ya no estamos ante un tipo de cuero cabelludo sino ante una dermatitis seborreica. Y si a las cuarenta y ocho horas no ves nada especial, enhorabuena, tienes el más fácil de todos. Repite la prueba en enero y en julio, porque el sebo cambia con la temperatura y el cuero cabelludo que tenías en invierno no es el que tienes en agosto.

Qué fórmula le corresponde a cada caso

Para un cuero cabelludo graso, tensioactivos suaves y activos seborreguladores como la arcilla, el zinc o la ortiga, y nada de aceites densos cerca de la raíz. Para uno seco, fórmulas sin sulfatos agresivos, con avena, glicerina o aceites ligeros. Para uno sensible, listas cortas y sin perfume. Para el cabello teñido, fórmulas de pH bajo que cierran la cutícula y retrasan la pérdida de color. Y si tu caso es mixto, raíz grasa y puntas secas, elige por la raíz siempre: es la parte viva y la que te obliga a lavarte.

Con ese mapa en la cabeza, elegir un champú deja de ser una lotería de envases bonitos y pasa a ser una lectura de etiqueta de treinta segundos. Y no, no hace falta cambiar de producto cada tres meses: la idea de que el pelo se acostumbra no tiene ningún fundamento, lo que cambia es la estación y con ella tu cuero cabelludo.

Y el agua del grifo también influye.

Los ingredientes que debes buscar en la etiqueta

Si vives en una zona de agua muy dura, la cal se deposita sobre la fibra, apaga el color y deja una sensación áspera que ninguna fórmula corrige del todo. Mira los cinco primeros nombres de la lista, que son el 80% del contenido. Ahí está el tensioactivo principal y ahí se decide si el producto limpia con suavidad o a lo bruto. Si el primero de la lista después del agua es sodium lauryl sulfate, la limpieza será contundente; si es sodium cocoyl isethionate o coco glucoside, será mucho más amable. Ninguno de los dos es veneno, pero no sirven para lo mismo ni para el mismo cuero cabelludo.

Si tu problema son las escamas, el activo tiene nombre propio. El Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, en su ficha sobre la seborrea del cuero cabelludo, aconseja en las formas leves lavar con un producto antifúngico, con piroctona olamina, climbazol o ketoconazol, cada dos o tres días. Busca uno de esos tres en la etiqueta: es lo que distingue un tratamiento real de un producto que solo promete.

Errores frecuentes al cambiar de producto

No juzgues por el primer lavado. Si vienes de fórmulas con silicona, notarás los dos o tres primeros lavados más ásperos mientras el pelo suelta residuo, y mucha gente devuelve ahí un producto que le iba bien. Tampoco pongas el doble de cantidad: una nuez basta para una melena media, y el resto se va por el desagüe sin haber tocado tu pelo. Y date cuatro semanas antes de juzgar: un cuero cabelludo tarda ese tiempo en estabilizarse, y cambiar de bote cada quince días te deja sin poder atribuir ninguna mejora a nada.

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